“Mi trabajo me está afectando, ¿cómo sé si debo hacer algo y qué puedo hacer antes de renunciar?”

Hay trabajos que simplemente tienen semanas difíciles. Hay temporadas con más responsabilidades, jornadas complicadas o problemas con un jefe que terminan resolviéndose.

Pero también puede ocurrir algo diferente: empiezas a notar que el trabajo ocupa demasiado espacio en tu vida y que, incluso cuando termina la jornada, sigues mentalmente en la oficina.

Quizá duermes peor, estás constantemente preocupado por el día siguiente, llegas a casa sin ganas de hablar con nadie o sientes que cualquier pequeño problema en el trabajo te supera.

Eso no significa automáticamente que debas renunciar.

El estrés laboral puede tener muchas causas, entre ellas las jornadas extensas, la falta de control sobre el trabajo, la inseguridad laboral, los conflictos, la falta de apoyo o la dificultad para desconectarse fuera del horario.

OSHA reconoce que estos factores pueden afectar tanto el bienestar como la salud física y mental de los trabajadores.

La pregunta entonces no es solamente “¿debo renunciar?”.

Antes conviene hacerse otra:

“¿Qué está ocurriendo exactamente y qué opciones tengo antes de tomar una decisión que afectará mis ingresos?”

No todo día difícil significa que debas dejar tu empleo

Es fácil llegar a esa conclusión después de una jornada particularmente mala.

Un conflicto con un supervisor, una semana con demasiado trabajo o un proyecto que salió mal pueden hacer que uno piense:

Ya no aguanto más. Mañana renuncio.”

Pero una decisión laboral importante merece algo más que el impulso de un mal día.

Una buena primera pregunta es:

¿Estoy atravesando una situación puntual o esto se ha convertido en mi nueva normalidad?

Si el problema aparece ocasionalmente y existe una posibilidad real de solucionarlo, quizá valga la pena intentar algunos cambios.

Si, por el contrario, llevas meses sintiéndote agotado, desconectado de tu trabajo o incapaz de recuperar energía fuera de la jornada, merece la pena mirar la situación con más atención.

La Organización Mundial de la Salud describe el burnout como un fenómeno ocupacional relacionado con estrés laboral crónico que no ha sido gestionado con éxito.

Lo caracteriza por agotamiento, mayor distancia o negatividad hacia el trabajo y una menor sensación de eficacia profesional.

Eso no significa que debas diagnosticarte a ti mismo. Significa que el desgaste laboral sostenido merece ser tomado en serio.

Señales de que tu trabajo está empezando a pasarte factura

Hombre intentando desconectarse del trabajo después de su jornada

No existe una lista que permita determinar por sí sola que un empleo es “tóxico”. Sin embargo, algunos cambios pueden servir como señales de alerta.

Llegas a casa, pero tu cabeza sigue trabajando

Termina tu turno, cierras la computadora o sales del establecimiento, pero continúas pensando en lo que ocurrió durante el día.

Repasas conversaciones.

Piensas en lo que tienes que hacer mañana.

Te preocupa un error.

Compruebas mensajes laborales aunque nadie te lo haya pedido.

La dificultad para desconectarse también aparece entre los factores de estrés laboral identificados por OSHA.

Estás permanentemente agotado

No hablamos de estar cansado después de una jornada particularmente larga.

La cuestión es si empiezas a sentir que el cansancio se ha convertido en tu estado habitual.

Las jornadas largas o irregulares pueden alterar el descanso y aumentar la fatiga, el estrés y los problemas de concentración.

Ya no encuentras ninguna satisfacción en lo que haces

Un trabajo puede tener días malos sin que por eso deje de gustarte.

Pero si durante un periodo prolongado todo lo relacionado con tu empleo te produce indiferencia, frustración o rechazo, conviene preguntarte qué cambió.

La OMS incluye precisamente el distanciamiento mental o el cinismo hacia el trabajo entre las dimensiones del burnout.

Tu comportamiento fuera del trabajo también está cambiando

Quizá estás más irritable.

Tienes menos paciencia con tu familia.

Cancelas actividades que antes disfrutabas.

No quieres ver a nadie después de trabajar.

O pasas el fin de semana intentando recuperarte para poder comenzar otra semana.

Estas señales no demuestran por sí solas que el trabajo sea la causa, pero sí indican que algo merece atención.

El trabajo ocupa demasiado espacio en tu vida

Una jornada laboral puede terminar oficialmente a las cinco de la tarde y continuar mentalmente hasta la hora de dormir.

Si responder mensajes, revisar tareas, pensar en problemas o preocuparte por el día siguiente ocupa constantemente tu tiempo libre, quizá sea necesario establecer límites.

Antes de renunciar, averigua qué problema quieres resolver

Esta puede ser la pregunta más importante del artículo.

No es lo mismo querer abandonar:

  • una empresa;
  • un jefe;
  • un horario;
  • una profesión;
  • un ambiente determinado;
  • un salario insuficiente;
  • o una carga de trabajo excesiva.

A veces creemos que necesitamos cambiar de empleo cuando en realidad necesitamos cambiar de horario, departamento, responsabilidades o empresa.

Por eso, antes de escribir una carta de renuncia, intenta completar esta frase:

“Si pudiera cambiar una sola cosa de mi trabajo, sería…”

La respuesta puede darte una pista.

Si dices “mi jefe”, quizá cambiar de equipo o empresa podría solucionar parte del problema.

Si dices “el horario”, quizá exista otra posición con turnos diferentes.

Si dices “el trabajo en sí”, entonces puede ser el momento de pensar en un cambio profesional más profundo.

¿Puedes mejorar la situación sin renunciar?

No siempre será posible, pero vale la pena comprobarlo.

Habla sobre la carga de trabajo

Si tienes demasiadas responsabilidades, intenta plantear el problema de forma concreta.

En lugar de:

“Estoy demasiado estresado.”

puede ser más útil decir:

“Actualmente tengo estas cinco tareas prioritarias y todas tienen la misma fecha límite. ¿Cuál debería atender primero?”

Convertir una sensación general en un problema específico puede facilitar la conversación.

Establece límites razonables

Si tu horario termina a determinada hora y no existe una necesidad real de permanecer conectado, intenta respetar ese límite.

No siempre será posible, especialmente en determinados empleos, pero identificar qué comunicaciones realmente requieren una respuesta inmediata puede ayudarte a recuperar parte de tu tiempo personal.

Utiliza los recursos disponibles

Dependiendo del empleador, pueden existir vacaciones, permisos, programas de asistencia al empleado, cambios de horario u otros recursos.

OSHA señala que los empleadores pueden contribuir a reducir el estrés identificando los factores que dificultan el trabajo y buscando ajustes cuando sean posibles.

No significa que todas las empresas vayan a resolver el problema.

Pero antes de abandonar un puesto, puede valer la pena descubrir qué opciones existen realmente.

Si decides buscar otro trabajo, no tienes que anunciarlo inmediatamente

Hombre preparando discretamente la búsqueda de un nuevo trabajo

Una de las ventajas de buscar empleo mientras todavía tienes ingresos es que puedes hacerlo con mayor tranquilidad.

Puedes actualizar tu currículum.

Revisar ofertas.

Hablar con contactos profesionales.

Investigar salarios.

Prepararte para entrevistas.

Y comparar oportunidades sin sentir que tienes que aceptar la primera propuesta que aparezca.

Eso no significa trabajar menos o incumplir tus responsabilidades actuales.

Significa utilizar tu tiempo libre para construir una alternativa.

También conviene mantener la búsqueda profesional y discreta. No necesitas anunciar en redes sociales que estás buscando empleo ni contarle a todos tus compañeros que planeas marcharte.

Haz las cuentas antes de entregar la renuncia

Hombre revisando sus finanzas antes de renunciar a su trabajo

Aquí entra una parte que en el artículo original estaba bien orientada, pero demasiado mezclada con lenguaje clínico.

La salud y el bienestar importan, pero también necesitas saber cómo pagarás tus gastos si dejas de recibir un salario.

Antes de renunciar, revisa:

  • Cuánto gastas cada mes;
  • cuánto dinero tienes disponible;
  • Qué deudas debes seguir pagando;
  • ¿Cuánto tiempo podrías vivir sin ingresos;
  • ¿Qué gastos podrías reducir temporalmente;
  • ¿Qué beneficios perderías al salir de la empresa;
  • ¿Y cuánto tiempo podría tomar encontrar otro empleo.

No existe una cifra mágica de ahorro que garantice que una renuncia será segura.

Tres meses pueden ser suficientes para una persona y muy poco para otra.

Lo importante es conocer tu propia situación.

Y si tienes pareja o personas que dependen económicamente de ti, la decisión debe considerar también ese impacto.

No confundas “aguantar” con tener un plan

Existe una idea bastante extendida según la cual abandonar un trabajo difícil significa ser poco perseverante.

Pero permanecer indefinidamente en una situación que sabes que quieres cambiar tampoco es necesariamente una muestra de fortaleza.

La diferencia está en cómo tomas la decisión.

Puedes aguantar sin hacer nada.

O puedes utilizar ese periodo para:

  1. Reducir gastos;
  2. Actualizar tu currículum;
  3. Buscar oportunidades;
  4. Aprender una habilidad;
  5. Ampliar tus contactos;
  6. ahorrar;
  7. Preparar una salida.

En el segundo caso, no estás simplemente soportando la situación.

Estás construyendo una salida.

¿Y si no puedes renunciar todavía?

Esta es probablemente la realidad de muchos trabajadores.

Hay una hipoteca o alquiler.

Hay hijos.

Hay deudas.

Hay seguro médico.

Hay familiares que dependen de esos ingresos.

En ese escenario, decir simplemente “renuncia” no es un consejo práctico.

Quizá necesites permanecer temporalmente mientras preparas el siguiente paso.

Durante ese periodo puedes concentrarte en lo que sí está bajo tu control:

Protege tu tiempo fuera del trabajo

Cuando sea posible, evita convertir cada noche en una extensión de la jornada.

Utiliza tus días libres

Las vacaciones no tienen que convertirse en días para contestar correos y resolver problemas laborales.

Actualiza tu perfil profesional

No esperes a estar desempleado para comenzar.

Investiga el mercado

Conocer cuánto pagan otros empleadores puede darte una perspectiva diferente sobre tus opciones.

Empieza pequeño

Una conversación con un antiguo compañero, una solicitud de empleo o una hora dedicada a actualizar el currículum pueden parecer poco.

Pero varias pequeñas acciones terminan formando un plan.


No tomes una decisión laboral importante después de una pelea

Puede parecer obvio, pero merece decirse.

Si acabas de discutir con tu jefe, recibiste una crítica que consideras injusta o te negaron algo que esperabas, espera antes de enviar una renuncia impulsiva.

No porque tus sentimientos no importen.

Sino porque una decisión permanente tomada durante una emoción temporal puede dejarte en una posición innecesariamente difícil.

Escribe lo que ocurrió.

Aléjate unas horas.

Habla con alguien de confianza.

Revisa tus finanzas.

Y vuelve a pensar en ello cuando la emoción haya bajado.

¿Cuándo la situación requiere algo más que cambiar de trabajo?

Hay situaciones que no deberían reducirse a “buscar otro empleo”.

Si existe acoso, amenazas, discriminación, condiciones inseguras u otra situación grave, conviene documentar lo ocurrido y buscar orientación adecuada según el caso.

Y si notas que el trabajo está afectando seriamente tu bienestar o que tienes síntomas que te preocupan, hablar con un profesional de la salud puede ser una decisión razonable.

El estrés laboral puede afectar la salud y el funcionamiento cotidiano, pero un artículo en internet no puede determinar qué está ocurriendo en una persona concreta.

OSHA también reconoce que los problemas de salud mental pueden relacionarse con factores laborales y que los trabajadores pueden necesitar recursos y apoyo.

Si existe una situación de emergencia o riesgo inmediato para tu seguridad, la prioridad no es planificar una renuncia: es buscar ayuda inmediata y ponerse a salvo.

Una decisión laboral también es una decisión financiera

A veces pensamos que existen solamente dos opciones:

Quedarse o renunciar.

En realidad, hay muchas posibilidades entre ambas:

  • Permanecer mientras buscas empleo;
  • Cambiar de departamento;
  • Negociar responsabilidades;
  • Solicitar otro horario;
  • Tomar vacaciones;
  • Buscar formación;
  • Cambiar de empresa;
  • Comenzar una actividad secundaria;
  • Reducir gastos para ganar margen;
  • o, cuando sea necesario, renunciar y comenzar de nuevo.

No todas estarán disponibles para todos.

Pero reconocer que existen más de dos caminos puede cambiar completamente la manera de afrontar el problema.

Una pequeña evaluación antes de tomar una decisión

Antes de presentar tu renuncia, intenta responder con honestidad:

1. ¿Qué es exactamente lo que me está afectando?

2. ¿Desde cuándo ocurre?

3. ¿Hay algo dentro de la empresa que podría cambiar la situación?

4. ¿He intentado hablar con alguien sobre el problema?

5. ¿Cuánto dinero necesito cada mes para mantenerme?

6. ¿Qué pasaría si tardara varios meses en encontrar otro empleo?

7. ¿Estoy buscando otro trabajo actualmente?

8. ¿Qué tendría que cambiar para que mi próximo empleo sea realmente diferente?

Si no puedes responder algunas de estas preguntas, quizá todavía no necesitas entregar la renuncia.

Quizá necesitas más información.

Tu trabajo es importante, pero no define quién eres

Un empleo puede darte ingresos, experiencia, contactos y estabilidad.

Pero no debería convertirse en la única medida de tu valor personal.

Perder un puesto, cambiar de empresa o comenzar nuevamente no borra las habilidades que has adquirido.

Tampoco significa que hayas fracasado.

El mercado laboral cambia y las personas también cambian. A veces una carrera profesional tiene varias etapas y no todas tienen que parecerse entre sí.

La meta no debería ser encontrar un trabajo perfecto.

Probablemente sea más realista encontrar un trabajo que puedas sostener sin sentir que toda tu vida gira alrededor de él.

La reflexión del autor

Renunciar puede ser la decisión correcta. También puede ser una decisión tomada demasiado pronto.

La diferencia muchas veces no está solamente en cuánto nos disgusta nuestro trabajo, sino en qué hacemos con esa sensación.

Si cada domingo por la noche aparece la misma angustia, si el trabajo invade constantemente tu tiempo personal y si llevas meses pensando en marcharte, quizá sea momento de dejar de preguntarte únicamente cuánto puedes aguantar.

Empieza a preguntarte qué necesitas para construir una alternativa.

Porque cambiar de trabajo no siempre significa escapar.

A veces significa elegir con un poco más de cuidado dónde quieres estar después.


Fuentes consultadas

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